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Elizabeth

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A veces se lo trae un sueño. Elizabeth sólo abre los ojos porque un demonio está atrapado allí. Son sueños de llantos de niños dementes en galerías viejas y destruídas; y de fantasmas silenciosos que intentan persuadirla con la mirada.
Piensa que deberá sufrir para liberarse pero olvida que para ello sólo basta con vivir.
Y ahora escucha el viento golpear las ventanas... Amenazante. Y la lluvia comienza a caer y de a poco, se va haciendo más intensa... Imparable. Y sus ojos que quedaron fijos en el piso... Ausentes. Y los relámpagos que iluminan la casa... Ahora oscura. Y los truenos que se suman a la lluvia...
Insoportables. Y la boca que se abre porque no alcanza el aire, y que luego se cierra porque no aguanta el dolor... Agobiante.
Tiemblan sus labios, caen sus lágrimas y arden sus huesos.
Elizabeth empieza a asustarse. Huir, protegerse, ocultarse?. A veces es mejor distraerse del mundo. Cuando despierte, todo habrá cambiado.

Y el canto de los pájaros le trajeron la mañana. Ella los dejó entrar en su sueño y se sintió dormir.
Después recordó aquellos tiempos cuando abría la ventana y otra margarita había abierto en su jardín. Entonces comprendió que la felicidad le quedaba lejos y que la vida y la paz también le quedaban lejos.
Elizabeth se dió vulta y volvió a dormirse... Quén sabe si logró despertar.

 

 

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Comentarios Elizabeth

"Quién sabe si logró despertar..."

Me gustan esos finales en el que la elección es libre, la elige el propio lector.

Incluso dependiendo del momento en el que leemos el escrito, podemos darle
el final que queramos.

Me gustó mucho, la verdad.

¡besos!
galilea galilea 22/06/2009 a las 03:46
El lector puede darle al escrito el final e incluso el sentido que quiera o pueda. Las sensasiones que dejan los escritos en el lector son las que realmente valen. Escapan de las manos del autor.
Creo que definitivamente el poder lo tiene el lector como lo digo en la presentación del blog.
Gracias, Galilea por tu lectura y comentario. Un abrazo argentino.
María Laura.

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